El Bosque Nuboso del Chocó se extiende a lo largo de la vertiente pacífica de la cordillera de los Andes, desde el noroeste de Ecuador hasta el occidente de Colombia. Es un ecosistema caracterizado por nubes bajas que quedan atrapadas entre las copas de los árboles. Las copas capturan esa humedad en forma de gotas de agua, que caen al suelo del bosque y alimentan las raíces. Esto aumenta de forma considerable la cantidad de agua disponible para estos ecosistemas, y en algunos casos duplica la que llegaría únicamente por precipitación.
El Chocó es célebre como punto caliente de biodiversidad, con una gran variedad de especies de plantas, aves, insectos y anfibios propios de este entorno. Las epífitas proliferan por todo este bosque exuberante. Son plantas no parásitas que crecen sobre otros árboles, como los musgos, los helechos, las bromelias, las plantas de aire y las orquídeas. Aunque buena parte de este bosque ha retrocedido durante el último siglo a causa de la deforestación, todavía se conservan algunos tramos prístinos de bosque nuboso en Ecuador, en el valle de Mindo y en las montañas al oeste de Quito, y en el sur de Colombia, como en los alrededores de Cocora.
Este ecosistema es además uno de los últimos lugares donde se puede ver al oso andino de anteojos en libertad. Aunque superficialmente se parecen a los osos negros de Norteamérica, sus parientes más cercanos fueron los osos gigantes de cara corta, que se extinguieron alrededor de la época en que los humanos empezaron a poblar América. También son más tímidos que sus parientes norteamericanos, mucho más herbívoros, y son la única especie de oso conocida por construir nidos en los árboles. Según la temporada ocupan una amplia variedad de hábitats, desde el páramo subalpino de los Andes hasta las llanuras aluviales desérticas del Perú, aunque su área de distribución se ha ido reduciendo a bolsones aislados en las últimas décadas por la caza y la pérdida de hábitat, y actualmente están catalogados como vulnerables. En Ecuador, sin embargo, son una especie protegida y la población es estable. Una vez al año descienden de las montañas a la Reserva Maquipucuna, en el bosque nuboso del Chocó, para alimentarse de frutos maduros como el aguacatillo, una especie de pequeño aguacate silvestre.