Elefantes marinos exhibiendo posturas en San Simeón
Dos elefantes marinos del norte jóvenes forcejean bajo la luz dorada de Piedras Blancas, cerca de San Simeón. Son adolescentes y la pelea es un juego: un ensayo de las posturas y las llamadas que los machos adultos emplean para resolver la jerarquía, representado en una época del año en la que no es posible aparearse.
Los investigadores creen que ese tipo de ensayo es la manera en que se adquiere la destreza, aunque lo consideran una inferencia y no un resultado demostrado. Lo que está en juego más adelante es severo: los elefantes marinos del norte tienen uno de los sistemas de apareamiento más desiguales que se conocen en un mamífero.
En la colonia de Año Nuevo, más al norte, apenas cinco machos de 180 acapararon hasta el 92 por ciento de las cópulas que observaron los biólogos. De 91 crías macho seguidas desde el nacimiento, solo 19 llegaron a la edad reproductiva; tres de ellas inseminaron a unas 121, 97 y 63 hembras, mientras que once no se aparearon nunca. El tamaño determina buena parte del reparto: la masa con la que un macho llega a la playa explica entre el 29 y el 44 por ciento del lugar que ocupa en la jerarquía. El resto se resuelve en enfrentamientos que empiezan exactamente como este.