Pecaríes del Chaco

Tres pecaríes del Chaco oscuros y cerdosos trotando por un camino de tierra a través del seco bosque de matorral chaqueño. loading

Tres taguás en un camino que atraviesa el bosque espinoso del Kaa-Iya del Gran Chaco, Bolivia. La especie está catalogada como En Peligro, y la cartografía en la que se basa esa categoría muestra que la presión recae sobre la calidad del hábitat. Entre 1985 y 2015 la superficie total de hábitat adecuado en todo el Gran Chaco disminuyó alrededor de un 9 por ciento, de 715.833 a 654.104 kilómetros cuadrados. Durante esos mismos treinta años, la proporción de ese hábitat que era a la vez muy adecuada y poco cazada cayó del 22 al 11 por ciento.

Los caminos forman parte de ese cálculo. El bosque espinoso chaqueño es casi intransitable a pie hasta que el desmonte lo abre, de modo que las nuevas huellas traen consigo acceso para la caza, y Romero-Muñoz y sus colegas hallaron que la huella combinada del desmonte y la caza se extendía por cerca del 40 por ciento de la región, aproximadamente el doble de la superficie efectivamente desmontada. Para 2015, los grandes bloques de terreno poco cazado que le quedaban a la especie eran esencialmente el Kaa-Iya y las tierras inmediatamente circundantes.

Ese terreno está protegido porque la gente que vive allí lo pidió. El Kaa-Iya abarca 34.411 kilómetros cuadrados de bosque espinoso y sabana seca, creado por decreto boliviano en septiembre de 1995 y el primer parque nacional de las Américas propuesto por una organización indígena, la Capitanía de Alto y Bajo Isoso, que luego lo administró junto con el gobierno nacional. La presencia del taguá fue una de las razones por las que los límites se trazaron donde se trazaron.

Durante años, los únicos registros locales del animal provinieron de cazadores, 22 capturados en el Isoso entre 1997 y 2007, hasta que las cámaras trampa operadas por técnicos de campo izoceños lo encontraron en cinco nuevos sitios del paisaje. Los cazadores izoceños llevaban registrando su propia captura desde 1996, con más de 7.000 ungulados y armadillos anotados entre 2002 y 2007, y las comunidades usaron esos registros para fijar sus propios límites. La veda que impusieron a la caza del taguá en 2005 es indefinida y sigue vigente.

Etiquetas:
  • Bolivia
  • Gran Chaco Kaa-Iya
  • Mamíferos
  • Pecaríes
  • Sudamérica
  • Vida Silvestre